Lago Constanza

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Era media tarde cuando llegamos al Lago Constanza en su parte germánica, ya que este lago se extiende por tres países, Alemania, Austria y Suiza. Nuestra intención era verlo desde la parte alemana. Este lago también tiene el honor de estar considerado el tercer lago más grande de Europa Central. Alimentado por el Rin, es uno de los paisajes mas bellos de Europa, en el que se puede pasear entre viñedos, recorrer pueblos medievales, ascender a fortificaciones que antaño dominaban el transito de mercancías por él, e incluso realizar múltiples actividades, entre ellas el ciclismo o cicloturismo, muy extendido en épocas estivales en el que puedes compaginar el dar pedales con algún que otro bañito en él. La Bodensee-Radweg, o ruta ciclista del lago consta de unos 237 km de carril bici que lo bordea entero pasando por los tres países ribereños, bien señalizado y pasando entre las aldeas, prados, viñedos, campings, etc..Se suele tardar como una semana en hacer el recorrido completo, pero bueno eso ya depende de cada uno, de su prisa, su resistencia o lo meticuloso que sea en disfrutar del lugar.


Decidimos pasar la primera noche en el parking de autocaravanas que hay en Kosntanz, la ciudad mas grande de las ribereñas del lado germano, un estacionamiento con todos los servicios, adaptado a minusválidos y que es muy céntrico, a unos 50 metros de la zona comercial-peatonal. Konstanz es una ciudad que es compartida por dos países, Alemania y Suiza, nosotros cabecitas locas o no se por que, no nos dimos cuenta hasta el día que la abandonamos, y eso que dormimos en la calle trasera de la frontera jijiji. Konstanz es una ciudad preciosa, atravesada por el Rin, donde desde lo alto de los campanarios podemos divisar los tejados de ladrillo rojizo que lo conforman. Ciudad con mucho movimiento, en épocas estivales el paseo de Los Muelles, donde atracan los ferrys  de Suiza, se llenan de paseantes, ciclistas, patinadores, los turistas abarrotan las terrazas de los bares con vistas al lago, coge un ambiente especial. Nosotros no íbamos a ser menos y con nuestras bicis allí que nos fuimos, no nos lo podíamos perder, teníamos que vivirlo.

El Rin divide la ciudad en dos partes, pero la mas llamativa es el Altstadt en la orilla sur, donde se localizan Los Muelles, el paseo marítimo y la zona comercial. En el Münsterplatz disfrutamos de la Münster, catedral de la ciudad, mezcla de estilos, románico, gótico y barroco. Desde su torre y  después de una buena pechada subiendo los escalones se divisan unas hermosas vistas de la ciudad y el Lago, hay que tener cuidado los altos con los travesaños de la escalera, os podéis llevar un susto. La zona de Niederburg, es la parte mas antigua de la ciudad, un compendio de callejones adoquinados con casas de entramado de madera, que se extiende desde la orilla del Rin hasta el Münster, la mejor forma de verlo es paseando y dejandose perder, como hicimos nosotros, y sobre todo a primera hora del día en verano, pues se llena de turistas.

El otro punto donde hicimos una parada aprovechando un día de calor intenso, si si, calor intenso, creo que estábamos sobre los 36º, pero he de decir una cosa, aquí comparado con Canarias el sol no calienta nada, jejeje, era el pueblo medieval de Meersburg. Pequeño pueblo medieval junto a unas laderas pobladas de viñedos que dan al lago Constanza y coronado por un castillo medieval que entrar en él, hace que retrocedas en el tiempo y te coloques en las épocas de caballeros y princesas. El pueblo es un laberinto de callejuelas con casas de entramado de maderas volcadas al lago.

Aprovechando el calor que hacía decidimos, una vez encontrado el parking de campers-van, pasar parte de la tarde en la “playa”, bueno una zona del lago adaptada para el baño, rodeada de jardines donde tumbarse a tomar el sol. La parte baja del pueblo da a los muelles y a el carril bici que bordea todo el lago, allí nos dimos unos buenos baños que dicho sea de paso nos sentaron de maravilla, y donde pudimos ver como nos sobrevolaban unos Zeppelin, cosa que era la primera vez que veíamos. Después, ya con la fresca, dimos una vuelta por el pueblo y visitamos el Altes Schloss, que Alvaro estaba muy ilusionado por visitarlo. Se trata de una fortificación medieval con torre del homenaje y puente levadizo, todo bien conservado de la época, con su sala de caballeros, sus mazmorras, sala de armas, caballerizas, etc, Alvaro pudo trasladarse durante un buen rato a la época de Los Caballeros Medievales.

Así fue nuestra breve pero intensa visita al Lago Constanza, siempre por la parte germana, pero al que no nos importaría regresar, tres días resultaron bastante cortos.