Los Monasterios de Meteora

Hernán y Paula la noche anterior  salieron a averiguar cual era la mejor opción para ver los monasterios, y esta no era otra que pillar un taxi hasta el mas alejado del valle, el Monasterio de Yapapanti,  y desde allí si queríamos ahorrar y no gastar en un taxi todo el día, era hacerlo pateando, uno tras otro y siguiendo la carretera que te va llevando de uno a otro hasta terminar de nuevo en Calambaca.

Meteora se podría considerar como uno de los paisajes mas hermosos del mundo, un lugar verdaderamente extraordinario. Un valle en el que salen unos fascinantes pináculos de piedra blanda y agujereados como queso Gruyere se tratara, con unos monasterios en su cima, han hecho que este lugar sea declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Se tiene conocimiento que desde principios del siglo XIV esta zona se convirtió en el retiro ideal para los monjes que huían de las incursiones de los turcos durante el imperio bizantino. El  acceso a los primeros monasterios se efectuaba mediante escaleras portátiles articuladas, posteriormente se usaron cabrestantes para poder subir a los monjes en redes. Cuando algún visitante les preguntaban, que con que frecuencia se rompía alguna cuerda, estos respondían “Cuando el Señor deja que se rompan”. Los monasterio esta construido alrededor de un patio rodeado por las celdas de los monjes, capillas y un refectorio, en el centro de cada patio se levanta el Kantholokon (iglesia principal).

Creo que para estar ya metidos a mediados de octubre tuvimos mucha suerte por el día tan espectacular que nos hizo. No había ni una nube en el cielo, las primeras horas de la mañana el cielo era de un color azul eléctrico total, hacía calor, pero allí que nos fuimos los cinco, a meternos al final del día unas 10 horas de pateo total, menos mal que el Alvarito llevaba su súper carrito y se metió su buena siesta. Que decir de los monasterios, pues que fuimos subiendo uno por uno,  encuentras ordas de buses llenos de turistas visitándolos, por lo que hay que tener paciencia pues suelen tener unos horarios muy limitados para su visita. En uno recordamos que como llevábamos el calienta biberones, Alvaro puedo comerse su potito de carne con verduras, ya que le pedimos el favor a unas monjas de poderlo enchufar a su red eléctrica, cosa que accedieron al ver al bebote bien enfadado, jejeje.

Después de horas caminando por la carretera, y recorriendo los monasterios, para rematar la faena y ya de regreso a Calambaca, no me pasa otra cosa que en un alto que hicimos en el camino para tomar aire, se me queda la cámara de fotos olvidada, ya habíamos recorrido unos 4 kilómetros cuando me di cuenta del descuido, pues nada tocaba una carrera, cuesta arriba, para recuperarla, menos mal que el final de la tarde tocaba una buena tortilla de papas, que Montse le había prometido a Paula, y unas cuantas  cervezas.